Villette
Villette Lo que sentí e hice aquella noche fue tan inesperado como verme elevada al séptimo cielo sumida en una especie de trance. Había aceptado el papel con frialdad, renuencia y temor para complacer a otra persona: poco después, embargada por la emoción, con el ánimo encendido, lo representé para complacerme a mí misma. Sin embargo, al día siguiente, recordando lo sucedido, censuré por completo aquellas funciones de aficionados; y, aunque me alegraba de haberle hecho un favor a monsieur Paul, y de haberme puesto a prueba por una vez, tomé la firme decisión de no volver a dejar que me arrastraran a algo semejante. Un intenso deleite en la expresión dramática se había revelado como parte de mi naturaleza; mimar y ejercitar aquella facultad recién descubierta podía ofrecerme un mundo de alegrías y placeres, pero no sería beneficioso para una mera espectadora de la vida: la fuerza y el deseo debían dejarse a un lado; y así lo hice, con una determinación que ni el Tiempo ni la Tentación han podido vencer.