Villette

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Otros hombres eran admitidos como espectadores, aunque (al parecer) a regañadientes, a base de ruegos e influencias, y con limitaciones, gracias al difícil y delicado ejercicio de la bondad natural de madame Beck, que los vigiló personalmente durante toda la noche, impidiéndoles salir del rincón más alejado, deprimente, frío y oscuro del carré; se trataba de un pequeño y triste grupo de jeunes gens, todos de las mejores familias, cuyas madres estaban en la fiesta y cuyas hermanas estudiaban en la rue Fossette. Madame estuvo toda la velada de guardia junto a aquellos jeunes gens, atenta como una madre, severa como un dragón. Trazó una línea, y ellos insistieron hasta el agotamiento para que les permitiera traspasarla y revivir bailando con esa belle blonde, esa jolie brune o cette fille magnifique aux cheveux noirs como le jais[132].

Taisez-vous! —contestaba madame, heroica e inexorablemente—. Vous ne passerez pas à moins que ce ne soit sur mon cadavre, et vous ne danserez qu’avec la nonnette du jardín[133] (refiriéndose a la vieja leyenda).

E iba majestuosamente de un lado a otro de su desconsolada e impaciente fila, como un pequeño Bonaparte vestido de seda gris.


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