Villette
Villette E hice una pausa. Por segunda vez aquella noche estaba comportándome de un modo insólito… aventurándome fuera de lo que consideraba mis hábitos naturales… hablando de forma impulsiva con una vehemencia que me dejó extrañamente sobrecogida cuando me paré a reflexionar. Al levantarme aquella mañana, ¿habÃa presentido que antes de llegar la noche interpretarÃa el papel de alegre enamorado en un vodevil, y que una hora después discutirÃa sin ambages con el doctor John el asunto de su desventurado cortejo, burlándome de sus ilusiones? Aquellas proezas me hubieran parecido tan verosÃmiles como subir en globo o viajar al cabo de Hornos.
El doctor y yo, después de bajar por el sendero, volvÃamos sobre nuestros pasos; el reflejo de la ventana iluminó de nuevo su rostro: sonreÃa, pero su mirada era melancólica. ¡Cuánto deseé que dejara de sufrir! ¡Cuánto lamenté que se consumiera de dolor, y por semejante causa! Y que él, con su enorme valÃa, ¡amara en vano! Entonces no sabÃa lo placentero que resulta para algunos dar vueltas a sus desgracias; tampoco me habÃa dado cuenta de que algunas hierbas, «aunque carecen de aroma cuando están enteras, desprenden su fragancia al ser tronchadas».