Villette
Villette —¿Dónde estoy? —dije, con voz entrecortada pero audible.
Una figura hasta entonces inadvertida se movió y, levantándose, se acercó a mí; una figura que no estaba en armonía con el entorno, y que sólo sirvió para complicar más el enigma. Era una bonne de la región, con una cofia de criada y un vestido estampado. No hablaba francés ni inglés, y no pude obtener la menor información de ella, al no entender el dialecto del país. Pero me refrescó las sienes y la frente con agua perfumada, y luego me subió el almohadón en el que yo descansaba, me hizo señas para que no hablara y volvió a su puesto al pie del sofá.
Estaba muy atareada tejiendo; como apartó su mirada de mí, pude observarla sin interrupción. Yo no entendía cómo había llegado allí, y qué hacía en el escenario de los días de mi infancia. Todavía me asombraba más que ese escenario y esos días tuvieran algo que ver conmigo.