Villette
Villette —¿Graham? —repitió inesperadamente una voz junto a mi cama—. ¿Quiere ver a Graham?
Miré en su dirección. El misterio aumentaba; el asombro llegaba a su clÃmax. Si era extraño ver aquel retrato tan familiar en la pared, más extraño aún era volverse y contemplar la figura igualmente familiar de una mujer… una señora, real y no ilusoria, alta, bien vestida, con un traje negro de seda y una cofia que sentaba muy bien a su respetable peinado de madre de familia. Su semblante también era atractivo; es posible que sus facciones fueran demasiado angulosas para resultar bellas, pero reflejaban sensatez y carácter. No habÃa cambiado mucho; algo más adusta, algo más corpulenta… pero era mi madrina: la imagen inconfundible de la señora Bretton.
Conservé la calma, aunque no podÃa estar más alterada: mi pulso tembló y la sangre abandonó mis mejillas, que parecieron helarse.
—¿Dónde estoy, madame? —quise saber.
—En un refugio seguro; y en buenas manos: será mejor que descanse hasta que se recupere un poco; no parece encontrarse muy bien esta mañana.
—Estoy tan confundida que no sé si puedo confiar en mis sentidos, o éstos me engañan: pero usted habla inglés, ¿verdad, madame?
—En efecto, serÃa muy difÃcil para mà mantener una larga conversación en francés.