Villette
Villette —Me encantarÃa hacerlo, pero la Anciana Dama insiste en dejármelo a mÃ. ¿Qué tal se encuentra tu paciente, mamá?
—¿Quiere ella venir aquà y contestar por sà misma? —inquirió la señora Bretton, volviéndose hacia mi rincón.
En respuesta a su invitación, me acerqué a ellos. Graham se levantó cortésmente para saludarme. Al ver su figura erguida delante de la chimenea, comprendà el orgullo no disimulado de su madre.
—Asà que ha bajado —exclamó él—; entonces debe de estar mejor, mucho mejor. No esperaba encontrarla de este modo, ni en este lugar. Ayer por la noche me alarmé y, si no hubiera tenido que acudir presuroso a casa de un paciente moribundo, me habrÃa negado a abandonar su cabecera: pero mi madre parece un médico y Martha es una excelente enfermera. Vi que se trataba de un desmayo, no forzosamente grave. Pero he de conocer los detalles para determinar la causa; mientras tanto, confÃo en que se sienta verdaderamente mejor.
—Mucho mejor —dije con calma—. Quisiera darle las gracias, doctor John.