Villette
Villette Yo sólo podÃa hacer una cosa; debÃa expiar mi culpable vehemencia, o por la noche no conciliarÃa el sueño. Aquello era intolerable; no podÃa soportarlo: era incapaz de enfrentarme a él. La soledad del colegio, el silencio conventual, la inactividad, cualquier cosa me parecÃa preferible a vivir enemistada con el doctor John. En cuanto a Ginevra, podÃa ponerse las alas plateadas de una paloma o de cualquier otra ave voladora y elevarse hasta el infinito, entre las estrellas más altas, donde la imaginación de su enamorado quisiera fijar la constelación de sus encantos: yo jamás volverÃa a cuestionarlo. Estuve bastante tiempo intentando atraer su mirada. En más de una ocasión, sus ojos se encontraron con los mÃos; pero, al no tener nada que decir, se apartaron de mÃ, dejándome muy frustrada. Después del té, Graham se sentó, triste y silencioso, a leer un libro. Ojalá me hubiera atrevido a sentarme cerca de él, pero tenÃa la sensación de que si osaba dar ese paso él no esconderÃa su hostilidad e indignación. Estaba deseando hablarle, pero ni siquiera me atrevÃa a susurrar. Su madre salió de la estancia; fue entonces cuando, empujada por aquel insoportable arrepentimiento, le dije en voz muy baja:
—Doctor Bretton…