Villette
Villette —Veo que no lo hace, ni puede hacerlo; pero, dÃgame: «¡Lucy, la perdono!». De ese modo aliviará mi sufrimiento.
—Olvide su sufrimiento, al igual que yo olvido el mÃo: pues es cierto que me hirió un poco, Lucy. Pero, ahora que se ha calmado mi dolor, no sólo la perdono sino que me siento agradecido; sé que desea lo mejor para mÃ.
—Tiene razón: deseo lo mejor para usted.
Y asà acabó nuestra disputa.
Si a lo largo de esta obra, lector, te parece que mi opinión del doctor John experimenta algún cambio, espero que disculpes mi aparente falta de coherencia. Expreso los sentimientos que me asaltaban en aquellos momentos; describo su carácter tal como iba apareciendo ante mÃ.