Villette
Villette Pero en ese instante reconocí en sus ojos azules un brillo de ironía; me recordó los viejos tiempos, me recordó su retrato: me llevó a pensar que una parte, al menos, de su convencimiento de la naïveté de la señorita Fanshawe era fingido; y me hizo suponer que tal vez, a pesar de su pasión por la belleza de Ginevra, su apreciación de las flaquezas de la joven fuera menos desacertada, más lúcida de lo que sus palabras reflejaban. Después de todo, es posible que sólo se tratara de una mirada casual o de una impresión momentánea. Fortuita o intencionada, real o imaginaria, puso fin a nuestra conversación.