Villette
Villette El doctor John, por su parte, extendió el brazo y sostuvo el turbante con el índice y el pulgar, mientras lo contemplaba con una mezcla de veneración y desconcierto de lo más cómica. Después de examinarlo, estuvo a punto de depositar tranquilamente el delicado tejido en el suelo, entre sus pies; no parecía tener ni idea de cómo debía guardarse: si madame Bretton no hubiera acudido en su rescate, creo que lo habría aplastado bajo su brazo como un sombrero de copa plegable; ella volvió a meterlo en su sombrerera.