Villette
Villette —Monsieur, j’en ai bien le droit.
—Vous êtes malade de coeur et d’humour[186] —prosiguió—. Está usted furiosa y afligida. Veo en sus mejillas dos lágrimas ardientes como chispas y saladas como cristales marinos. Mientras le hablo me mira de un modo extraño. ¿Quiere que le diga a qué me recuerda?
—Monsieur, pronto será la hora de las oraciones; apenas tengo tiempo para hablar a estas horas… perdone…
—Soy capaz de perdonar cualquier cosa —me interrumpió—. Mi talante es tan apacible que ni los desaires ni, tal vez, los insultos pueden alterarlo. Me recuerda usted a una joven criatura salvaje, recién capturada, sin domar, que observa con una mezcla de fuego y de miedo la entrada de quien va a domesticarla.
¡Aquellas palabras no tenÃan justificación! Dirigidas a una alumna, habrÃan sido imprudentes y groseras; a una profesora, resultaban inadmisibles. QuerÃa hacerme perder los estribos; habÃa visto con anterioridad cómo hostigaba a las personas impulsivas para que montaran en cólera. Yo no satisfarÃa sus malas intenciones; me quedé callada.
—Usted tomarÃa una dosis de veneno dulce, y desdeñarÃa un saludable licor amargo con repugnancia —dijo.