Villette
Villette —Lo cierto es que nunca me ha gustado el licor amargo; y tampoco me parece muy saludable. En cuanto a lo dulce, sea veneno o alimento, tendrá que reconocerle al menos su deliciosa cualidad: la dulzura. Tal vez sea mejor morir rápidamente de una muerte agradable que seguir arrastrando una vida sin alicientes.
—Sin embargo, si yo tuviera poder para administrárselo, tomarÃa usted una dosis diaria de licor amargo; en cuanto a su adorado veneno, es muy posible que yo rompiera la copa que lo contiene.
Volvà bruscamente la cabeza, en parte porque su presencia me desagradaba, y en parte porque querÃa eludir sus preguntas: temÃa que, en mi estado de ánimo, el esfuerzo de responderlas me hiciera perder el dominio de mà misma.
—Vamos —exclamó, suavizando la voz—, dÃgame la verdad… le apena haberse separado de sus amigos, ¿no es asÃ?