Villette
Villette Pensé por un momento en consolarla, y aprovechar la ocasión para inculcarle algunas de las máximas filosóficas que yo atesoraba para situaciones como aquélla. Sin embargo, ella me lo impidió: se tapó los oídos con las manos en cuanto empecé a hablar y luego se tumbó en la estera con la cara contra las losas del suelo; ni Warren ni la cocinera consiguieron arrancarla de esa posición, de modo que allí la dejamos hasta que decidió levantarse por sí sola.