Villette
Villette —Mais, monsieur —respond×, no le insultarÃa por nada del mundo. Recuerdo muy bien que una vez me dijo que serÃamos amigos.
No querÃa que me temblara la voz, pero no pude evitarlo; creo que más por la agitación de la carta que por temor a monsieur Paul. Pero habÃa algo en su enojo —una especie de arrebato de emoción— que invitaba especialmente a deshacerse en llanto. No me sentÃa triste, ni demasiado asustada, pero empecé a llorar.
—Allons, allons[196]! —se apresuró a decir, mirando a uno y otro lado y contemplando el diluvio universal—. Decididamente, soy un monstruo y un rufián. Sólo tengo un pañuelo —agregó—, pero, si tuviera veinte, ofrecerÃa uno a cada una de ustedes. Su profesora les representará. Tome, señorita Lucy.