Villette
Villette El joven Bretton tenÃa un poni favorito con el que solÃa salir a montar, y Polly siempre contemplaba su partida y su regreso desde la ventana. Ansiaba que le diera un paseo con él; pero nada más lejos de su intención que pedir semejante favor. Un dÃa bajó al patio para ver cómo el muchacho desmontaba; mientras se apoyaba en la cancela, brilló en sus ojos el deseo de que le diera una vuelta.
—Vamos, Polly, ¿quieres montar? —preguntó Graham con cierta indiferencia. Demasiada indiferencia, debió de pensar ella.
—No, gracias —contestó, dándole la espalda con la mayor frialdad.
—Pues deberÃas querer —insistió él—. Te gustará, estoy seguro.
—Me importa un bledo —repuso la niña.
—No es cierto. Le dijiste a Lucy Snowe que estabas deseando dar una vuelta.
—Lucy Snowe es una chizmoza —la oà decir (su imperfecta pronunciación era lo menos precoz en ella), antes de meterse en la casa.
Graham entró poco después y comentó a su madre:
—Mamá, ¡qué criatura tan voluble! Es un bicho raro, pero me aburrirÃa sin ella; es mucho más divertida que tú o que Lucy Snowe.