Villette
Villette He dicho que no se resentía del dolor. No; esa palabra es demasiado débil, sería una mentira. Para ella, el sufrimiento tiene vida propia, y lo considera algo que se puede atacar, suprimir, despedazar. Ella es casi insubstancial, pero se aferra al conflicto con abstracciones. Ante la calamidad es una tigresa; desgarra sus infortunios, y los hace temblar de convulso horror. Los padecimientos, en su opinión, no llevan consigo el bien; las lágrimas no riegan una cosecha de sabiduría; y contempla la enfermedad y la muerte con ojos de rebelde. Quizá sea perversa, pero también fuerte; y su fuerza ha conquistado la Belleza, se ha apoderado de la Gracia, y ha conseguido atarlas a su lado, cautivas de incomparable hermosura, tan dóciles como bellas. Incluso en el instante de mayor frenesí, cada movimiento de ménade resulta regio, solemne, majestuoso. Sus cabellos, ondeando al viento en la diversión o en la guerra, siguen siendo los de un ángel, esplendorosos bajo la aureola. Caída, insurgente, desterrada, Vastí recuerda el cielo contra el que se rebeló. La luz del paraíso, siguiendo su exilio, atraviesa todos los confines y revela su funesta lejanía.