Villette
Villette El dormitorio era una estancia sombría, con cortinajes azul pálido de vaporosa muselina; la cama me pareció de niebla y copos de nieve: inmaculada, suave, etérea. Impidiendo que las mujeres se acercaran, desvestí a la muchacha sin su bienintencionada pero torpe ayuda. Yo no estaba lo bastante serena para observar con todo detalle las prendas que le quitaba, pero tuve una impresión general de refinamiento y delicadeza; cuando lo recordé más tarde, me pareció un singular contraste con los atavíos de la señorita Ginevra Fanshawe.