Villette
Villette La joven era una criatura pequeña y delicada, pero con una figura perfecta. Le eché hacia atrás su abundante y fina cabellera, tan brillante y sedosa, tan exquisitamente cuidada, y tuve ante mà un rostro juvenil, pálido, cansado, pero de gran nobleza. La frente era ancha y despejada; las cejas, suaves y bien dibujadas, se convertÃan en una mera lÃnea al acercarse a las sienes; los ojos, un maravilloso regalo de la naturaleza —hermosos y expresivos, grandes, profundos—, parecÃan dominar los demás rasgos de la cara y ser capaces, probablemente, de reflejar mucho más en otros instantes y en otras circunstancias, aunque ahora mirasen lánguidos y doloridos. Su tez era muy blanca, las pequeñas venas de su cuello y de sus manos recordaban a los pétalos de una flor. El fino barniz de hielo del orgullo daba brillo a ese delicado exterior, y sus labios exhibÃan un gesto desdeñoso; no hay duda de que era innato e inconsciente, pero, de haberlo visto por primera vez acompañado de salud y de ostentación, me habrÃa parecido injustificado, y habrÃa demostrado que la pequeña dama tenÃa una visión completamente equivocada de la vida y de su propia importancia.