Villette
Villette Y siguió divagando de ese modo.
—Polly —le interrump×, ¿te gustarÃa viajar?
—TodavÃa no —fue su prudente respuesta—, pero tal vez dentro de veinte años, cuando sea una mujer tan alta como la señora Bretton, me vaya de viaje con Graham. Pensamos ir a Suiza y subir al Mount Blanck; y algún dÃa iremos en barco hasta Sudamérica y caminaremos hasta la cima del Chim… Chim… borazo.
—Pero ¿qué te parecerÃa viajar ahora, en compañÃa de tu papá?
Su respuesta —tras unos instantes de silencio— puso de manifiesto uno de esos inesperados cambios de humor tan caracterÃsticos en ella:
—¿Para qué hablar de esas tonterÃas? —exclamó—. ¿Por qué menciona a papá? ¿Qué le importa mi papá? Ahora que empezaba a ser feliz y a no pensar tanto en él; ¡tendré que empezar de nuevo!
Le temblaban los labios. Me apresuré a decirle que habÃa llegado una carta, y que su padre escribÃa en ella que Harriet y Polly debÃan ir inmediatamente con él.
—Y ahora, ¿no estás contenta? —añadÃ.
No contestó. Soltó el libro y dejó de mecer a su muñeca; me miró con gesto grave y severo.
—¿No te gustarÃa volver con papá?