Villette
Villette —Por supuesto —dijo al fin, con ese tono incisivo que solÃa emplear conmigo, y que era muy distinto al que utilizaba con la señora Bretton y con Graham.
Quise averiguar cuáles eran sus pensamientos; pero fue imposible: ella se negó a seguir conversando. Corrió al lado de la señora Bretton, la interrogó y recibió de ella la confirmación de la noticia. Bajo el peso y la importancia de aquella nueva, estuvo terriblemente seria todo el dÃa. Por la tarde, cuando oÃmos llegar a Graham, la encontré de pronto a mi lado. Empezó a arreglarme la cinta del medallón que llevaba al cuello, y me quitó y me puso varias veces la peineta; mientras se entretenÃa de ese modo, entró Graham.
—DÃgaselo dentro de un rato —me susurró ella—; dÃgale que me voy.
A la hora del té, cumplà su petición. Dio la casualidad de que Graham estaba aquellos dÃas muy preocupado por un premio escolar al que aspiraba. Tuve que comunicarle dos veces la noticia para atraer su atención, e incluso entonces se limitó a hacer un breve comentario.
—¿Que Polly se va? ¡Qué lástima! Mi querida ratita, será una pena perderla. Tiene que volver a visitarnos, mamá.
Y apurando el té rápidamente, cogió una vela y una pequeña mesa para él y sus libros, y no tardó en sumirse en el estudio.