Villette
Villette Acercándome, me agaché para mirar el sobre, temblorosa, aunque casi segura de reconocer la escritura; pero mi sino, por el contrario, había dispuesto que encontrara una letra desconocida: unos garabatos pálidos y femeninos, en lugar de unos trazos firmes y varoniles. Pensé entonces que el destino era demasiado duro conmigo y exclamé, de forma audible:
—¡Qué crueldad!
Pero también me sobrepuse a ese dolor. La vida sigue siendo vida, por grande que sea el sufrimiento: nos quedan nuestros ojos, nuestros oídos y su uso, aunque desaparezca la visión de lo que nos agrada y se acalle el sonido de cuanto nos consuela.
Abrí la carta: a esas alturas, sabía ya que se trataba de una escritura muy familiar. Estaba fechada en La Terrasse, y decía lo siguiente: