Villette
Villette Me retiré a mi pequeño cuarto de paredes color verdemar, donde también encontré un alegre fuego y las velas encendidas; habÃa un gran candelabro a cada lado del espejo; y, entre las luces, delante del espejo, vi a alguien que se vestÃa: una criatura etérea, parecida a un hada… menuda, esbelta, muy pálida: un espÃritu invernal.
Reconozco que, por unos instantes, pensé en Graham y sus ilusiones espectrales. Con mirada desconfiada, observé los detalles de aquella nueva visión. Su traje era blanco, salpicado de lágrimas escarlatas; el lazo de su cintura, rojo; llevaba unas hojas brillantes en el cabello, una pequeña guirnalda de siemprevivas. Espectral o no, nada habÃa en ella de terrible; me acerqué.
Dándose media vuelta, la intrusa clavó en mà unos ojos enormes bajo unas pestañas tan largas como oscuras, que suavizaban la expresión de los ojos que custodiaban.
—¡Ah! ¡Ha venido usted! —exclamó en voz baja, dulcemente, mientras sonreÃa y me miraba con fijeza.
Entonces me di cuenta de quién era. Sólo habÃa visto en una ocasión un rostro asÃ, con unos rasgos tan finos y delicados, asà que no pude sino reconocerla.
—Señorita de Bassompierre —dije.
—No —respondió—, no soy la señorita de Bassompierre para usted.