Villette
Villette No le pregunté quién era, preferà esperar que me informara voluntariamente.
—Está usted cambiada, pero sigue siendo la misma —señaló, acercándose—. La recuerdo muy bien… su semblante, el color de su pelo, el perfil…
Me habÃa acercado al fuego, y ella estaba enfrente de mÃ. Mientras me contemplaba, su rostro reflejó cada vez con más claridad lo que sentÃa y pensaba, hasta que finalmente una nube ensombreció su brillante mirada.
—Me entran ganas de llorar cuando recuerdo aquellos tiempos tan lejanos —dijo—; pero no crea que estoy triste o nostálgica; por el contrario, me siento muy dichosa.
Interesada, pero sin comprender a qué se referÃa, no supe qué decir. Finalmente, balbucÃ:
—Creo que nunca la habÃa visto a usted hasta aquella noche en que resultó herida, hace unas semanas…
Ella sonrió.
—¿Ha olvidado entonces que me he sentado en sus rodillas, e incluso he compartido su almohada? ¿Acaso no recuerda la noche en que me acerqué llorando a su cama, como la chiquilla malcriada que era, y usted me acostó a su lado? ¿No se acuerda de cómo su consuelo y protección calmaron mi terrible angustia? Vuelva a Bretton. Acuérdese del señor Home.
Por fin lo entendà todo.