Villette
Villette El señor Home (había en él tanto del sencillo señor Home como del altivo conde de Bassompierre) me tendió la mano, diciendo amablemente que me recordaba muy bien y que, aunque su memoria hubiera sido menos fiable, había oído mi nombre tantas veces en labios de su hija, y había escuchado tantas historias sobre mí, que yo le habría parecido una vieja conocida.
Todos nos habíamos tomado el ponche excepto Paulina, cuyo pas de fée ou de fantaisie[226] nadie quiso interrumpir para ofrecerle un trago tan profano; pero era imposible no contar con ella, o usurparle sus privilegios de mortal.
—Déjeme probarlo —le dijo a Graham, cuando éste puso la copa en un anaquel de la alacena, fuera de su alcance.