Villette
Villette Él accedió de nuevo, susurrando, sin embargo, con gravedad:
—No se lo cuente ni a mi madre ni a Lucy; a ellas no les parecerÃa bien.
—Tampoco a mà —respondió Paulina, cambiando de tono y de actitud en cuanto logró probar la bebida, como si ésta hubiera actuado sobre ella como una poción mágica que rompiera su encantamiento—. Me parece cualquier cosa menos dulce; está amarga y demasiado caliente, y me deja sin aliento. Su vieja cerveza de octubre sólo era deseable cuando estaba prohibida. Gracias, no quiero más.
Y con una pequeña reverencia, hecha a la ligera pero tan graciosa como su danza, se alejó de él y se fue con su padre.
Pienso que no me habÃa mentido: la niña de siete años vivÃa en la joven de diecisiete.
Graham la miró algo confuso y desconcertado; sus ojos no dejaron de observarla durante casi toda la velada, pero Paulina no pareció darse cuenta.