Villette
Villette Las cartas, sin embargo, debían ocultarse, alejarse de mi vista.
La gente que ha sufrido la pérdida de un ser querido siempre reúne y guarda celosamente bajo llave los recuerdos: resulta insoportable ser apuñalado a cada momento en el corazón por el continuo renacer de una pena.
Una tarde en que no teníamos clase (era jueves), al coger mi tesoro con el propósito de decidir sobre su futuro, percibí —y esta vez con profundo desagrado— que había vuelto a ser manipulado: el paquete estaba allí, pero habían desatado y vuelto a atar la cinta; y otros indicios me confirmaron que mi cajón había recibido una visita.