Villette
Villette —¿Qué ocurre? —le pregunté; pues habÃa interrumpido la operación de engalanarse, y me estaba mirando.
—Es tan extraño —respondió con su habitual falta de reserva, medio sincera, medio insolente— que usted y yo nos movamos en el mismo cÃrculo social, y tengamos las mismas amistades…
—Pues sÃ, tiene razón —exclamé—; no me inspiraban demasiado respeto las amistades que frecuentaba usted hace muy poco: la señora Cholmondeley y los suyos nunca habrÃan congeniado conmigo.
—¿Quién es usted, señorita Snowe? —preguntó, disimulando tan poco su curiosidad que no pude evitar reÃrme—. Se llamaba a sà misma niñera-institutriz y, cuando llegó a la rue Fossette, estaba al cargo de las hijas de madame Beck. He visto cómo llevaba en brazos a la pequeña Georgette, al igual que una bonne[247] —muy pocas institutrices se habrÃan dignado hacerlo—, y ahora madame Beck se muestra más cortés con usted que con esa parisina, Zélie St Pierre; y mi prima, esa mocosa arrogante, ¡la ha convertido en su mejor amiga!
—¡Es asombroso! —admitÃ, riéndome de su desconcierto—. ¿Quién soy yo en realidad? Tal vez un personaje disfrazado. Es una pena que no interprete mejor el papel.