Villette
Villette —Puesto que el misterio y la singularidad no son más que imaginaciones de su cerebro… simples gusanos, tenga la bondad de dejarlos fuera.
—Pero ¿es usted alguien? —insistió, tratando de meter su mano bajo mi brazo en contra de mi voluntad; y tuve que apretar con inhóspita fuerza el brazo contra el costado para impedir el paso del intruso.
—Sà —contesté—, soy una persona que prospera: antaño señorita de compañÃa de una anciana dama, luego niñera-institutriz, ahora profesora.