Villette
Villette Reflexioné. DeberÃa parecerme tolerable, pensé; pero, por alguna extraña fatalidad, supe que no lo serÃa. ¡Vivir en aquella habitación cerrada, testigo de su sufrimiento y, quizá en ocasiones, de sus arrebatos de genio, durante el resto de mi juventud, cuando los primeros años de ésta habÃan sido tan poco dichosos! Por unos instantes, se me encogió el corazón, luego recobré el ánimo; pues, aunque me esforzaba por considerar lo negativo, era demasiado realista para idealizarlo y, en consecuencia, para exagerarlo.
—No sé si tendré fuerzas suficientes —señalé.
—Ésa es mi única duda —dijo ella—, no parece tener mucha salud.
Era cierto. Me vi reflejada en el espejo con mi traje de luto, como un espectro pálido y ojeroso. Pero no me preocupaba aquella lúgubre visión. El mal, creÃa yo, era sobre todo externo; aún sentÃa el impulso vital en mi interior.
—¿Qué otra cosa tiene en perspectiva?
—Nada concreto todavÃa; pero es posible que encuentre algo.
—Eso piensa; tal vez tenga razón. Pruebe a hacer las cosas a su modo y, si no tiene éxito, vuelva a verme. Mi oferta seguirá en pie tres meses.