Villette
Villette Y me mostró con orgullo su magnÃfico ramo.
Pero ¡silencio!, unos pasos: los pasos. Se acercaban presurosos, como siempre; aunque estábamos tan ufanas con nuestros regalos que aquella prontitud nos pareció inspirada por unos sentimientos que trascendÃan la excitabilidad de sus nervios y la vehemencia de sus propósitos. Tuvimos la impresión de que aquella mañana las pisadas de nuestro profesor (por decirlo de manera romántica) traÃan una promesa de amistad; y asà fue.