Villette
Villette Lamento decir que fui incapaz de respetar esa determinación. Durante algún tiempo, los ataques contra Inglaterra y los ingleses me dejaron impasible: los soporté estoicamente por espacio de quince minutos; pero aquel siseante basilisco estaba decidido a morderme, y acabó diciendo tales cosas —no sólo de nuestras mujeres, sino también de nuestras grandes figuras y de nuestros mejores hombres; mancillando el escudo de Britania, y arrastrando por el lodo nuestra bandera— que me sentà herida en lo más profundo del alma. Con despiadado placer, sacó a relucir las más escandalosas falsedades históricas que circulaban por el Continente; es imposible idear nada más ofensivo. Zélie y el resto de la clase sonreÃan con vengativo deleite; pues es curioso descubrir cómo esos patanes de Labassecour odian en secreto a Inglaterra. Finalmente, di un fuerte golpe en la mesa, abrà los labios y solté este grito:
—Vive l’Angleterre, l’Histoire et les Héros! À bas la France, la Fiction et les Faquins[291]!