Villette
Villette —Está bien… mejor que sea sincera. Creo que la habrÃa odiado si me hubiera contestado con halagos y mentiras. Prefiero que diga de una vez: «Paul Carl Emanuel, je te déteste, mon garçon!», a que sonrÃa con interés, me mire con afecto, y en el fondo de su corazón no haya más que frialdad y mentira. No me parece usted una persona frÃa y mentirosa, pero creo que ha cometido un gran error en la vida: pienso que su criterio no es ecuánime, que es usted indiferente cuando deberÃa ser agradecida, y tal vez ardiente y caprichosa cuando deberÃa ser tan frÃa como su apellido[296]. No suponga que deseo despertar en usted una gran pasión, mademoiselle; Dieu vous en garde[297]! ¿Por qué se sobresalta? ¿Porque he dicho pasión? Pues vuelvo a decirlo. Existe esa palabra, y también lo que expresa… aunque no entre estas paredes, ¡gracias a Dios! No es usted una niña a la que no deba mencionarse lo que existe; pero sólo he pronunciado la palabra… lo que expresa, se lo aseguro, es algo muy ajeno a mi vida y a mis planes. Murió en el pasado… en el presente está enterrado… su sepultura es profunda, y ha visto pasar muchos inviernos: en el futuro habrá una resurrección, tal como creo para consuelo de mi alma; pero todo será diferente… la forma y el sentimiento: los seres mortales ganarán la inmortalidad… y se elevarán, no hacia la tierra sino hacia el cielo. Lo único que le digo, señorita Lucy Snowe, es que deberÃa ser amable con el profesor Paul Emanuel.