Villette
Villette Mientras duró ese paso, monsieur Paul fue muy amable, muy bondadoso, muy paciente; percibió el agudo dolor infligido, y sintió el peso de la humillación impuesto por mi propia incapacidad; y casi no hay palabras que hagan justicia a su ternura y gentileza. Sus ojos se humedecían cuando las lágrimas de vergüenza y esfuerzo nublaban los míos; a pesar de estar cargado de trabajo, robaba la mitad de su breve tiempo libre para dármelo a mí.