Villette
Villette Se despidieron. Él pasó galopando a mi lado, sin sentir apenas el suelo que rozaba, ni ver nada a su alrededor. Estaba muy guapo; derrochaba valor y determinación.
—¡Papá, ahà está Lucy! —exclamó una voz musical y amistosa—. ¡Lucy, querida Lucy, acérquese!
Me apresuré a ir junto a ella. Paulina retiró el velo de su rostro y se inclinó desde la silla para besarme.
—Me disponÃa a visitarla mañana —aseguró—; pero ahora será usted quien venga a verme.
Dijo la hora, y yo prometà complacerla.