Villette
Villette Pero no habÃa audacia en sus ojos; cuando éstos se encontraron con los mÃos, bajó la vista. Tampoco habÃa frialdad en sus mejillas… ni un rubor pasajero, sino una creciente agitación interior que encendÃa su color y elevaba su temperatura.
—Lucy, me gustarÃa saber qué piensa del doctor Bretton. DÃgame, se lo ruego, ¿qué opina sinceramente de su carácter, de su manera de ser?
—Todos consideran su carácter intachable, y merecidamente.
—Y ¿su manera de ser? Hábleme de ella —insistió—; usted le conoce bien.
—SÃ, bastante bien.
—Conoce su faceta hogareña. Le ha visto con la señora Bretton; dÃgame qué le parece como hijo.
—Es muy afectuoso; el consuelo y la esperanza de su madre, su orgullo y su alegrÃa.
Paulina tenÃa mi mano entre las suyas y, cada vez que yo decÃa una palabra favorable, me daba un golpecito cariñoso.
—¿Qué otras virtudes tiene, querida Lucy?
—El doctor Bretton es un hombre bondadoso… siempre compasivo con los de su especie. Se mostrarÃa benévolo con el peor de los salvajes o el más abyecto de los criminales.