Villette
Villette »Y eso —añadió— ocurrió hace treinta años. He sufrido mucho desde entonces. Creo que no he sabido sacar provecho de mis infortunios. Una naturaleza dulce y amable se habrÃa perfeccionado hasta la santidad; un espÃritu maligno y fuerte se habrÃa convertido en un demonio; en cuanto a mÃ, sólo he sido una mujer egoÃsta y amargada.
—Ha hecho usted mucho bien —dije yo, pues la señorita Marchmont era conocida por la generosidad de sus limosnas.
—No he escatimado el dinero, quiere usted decir, cuando con él podÃa mitigar una aflicción. ¿Y qué? No me costaba esfuerzo ni dolor alguno. Pero sé que, a partir de este momento, mi estado de ánimo mejorará, pues he de prepararme para reunirme con Frank. Como ve, sigo pensando más en Frank que en Dios, y a menos que amar tanto, durante tanto tiempo y de forma tan excluyente a otro ser humano, no resulte una blasfemia contra el Creador, pocas son mis esperanzas de salvación. ¿Qué opina de estas cosas, Lucy? Sea mi capellán y dÃgamelo.
Fui incapaz de contestar a su pregunta. Me faltaban las palabras. Pero ella pareció creer que sà lo habÃa hecho.