Villette
Villette —Donnez-moi la main[331]! Veo que adoramos al mismo Dios, con el mismo espÃritu, aunque nuestros ritos sean diferentes.
Casi todos los colegas de monsieur Emanuel eran librepensadores, descreÃdos y ateos; y la vida de muchos de ellos no resistirÃa un examen minucioso: él se asemejaba más a los caballeros de antaño, religiosos a su manera y de reputación intachable. La inocencia de la niñez, la belleza de la juventud estaban a salvo con él. Sus pasiones eran intensas, sus sentimientos profundos, pero su honor inmaculado y su piedad candorosa le conferÃan un poderoso encanto que amansaba a las fieras.
Fue un desayuno muy alegre, y la alegrÃa que reinó no se limitó a ser mero alboroto: monsieur Paul la suscitó, dirigió e incrementó; su carácter sociable y animado se divirtió sin sombras ni trabas; rodeado únicamente de mujeres y niñas, nada podÃa contrariarle o desbaratar sus planes; hacÃa su voluntad, y ésta resultaba de lo más agradable.