Villette
Villette Pensé que el sacerdote querÃa despertar mi curiosidad, de modo que le pregunté quién habÃa perdido y lloraba todavÃa a Justine Marie. Su respuesta fue un pequeño relato romántico, que me contó, no sin emoción, mientras la tormenta remitÃa. He de decir que me habrÃa impresionado mucho más si hubiera sido menos francés, sentimentalmente rousseauniano y preciosista; y hubiera estado menos preocupado por producir un fuerte efecto en mi ánimo. Pero era ostensible que el digno sacerdote habÃa nacido y se habÃa educado en Francia (cada vez me convencÃa más de su parecido con mi confesor), y era un verdadero hijo de Roma; cuando alzaba la vista, me miraba de soslayo con mucha más sagacidad de la que cabrÃa esperar en un hombre de setenta años. No obstante, creo que era un anciano bondadoso.