Villette
Villette —Mademoiselle —dijo—, su misión consiste en demostrar a estos caballeros que no soy un mentiroso. Responderá lo mejor que pueda a las preguntas que ellos le formulen. Escribirá sobre el tema que ellos decidan. Para estos caballeros soy un impostor sin escrúpulos. Escribo redacciones; y, con deliberada falsedad, las firmo con los nombres de mis alumnos y alardeo de su trabajo. Usted rebatirá esa acusación.
Grand Ciel[353]! La prueba-espectáculo, tanto tiempo eludida, caÃa sobre mà como un trueno. Aquellos dos personajes elegantes, altaneros, con galones y mostachos no eran otros que los atildados profesores de universidad, monsieur Boissec y Rochemorte[354], un par de petimetres sin sentimientos, además de pedantes, escépticos y burlones. Al parecer, monsieur Paul habÃa cometido la imprudencia de enseñar algo que yo habÃa escrito… algo que jamás habÃa elogiado o siquiera mencionado en mi presencia, y que yo creÃa olvidado. La redacción no era nada excepcional; sólo parecÃa serlo en comparación con las que escribÃan la mayorÃa de las muchachas extranjeras; en un centro de enseñanza inglés habrÃa pasado casi inadvertida. Messieurs Boissec y Rochemorte habÃan creÃdo oportuno investigar su autenticidad, e insinuaban que era una estafa; yo tenÃa que atestiguar la verdad, y someterme a la tortura de su examen.
Siguió una escena memorable.