Villette
Villette Y extendió lúgubremente sus diez dedos, delante de mis ojos.
—Yo me limpio las botas —prosiguió, impetuoso—. Cepillo mi paletôt.
—No, monsieur, eso serÃa caer demasiado bajo; usted nunca hace eso —fue mi paréntesis.
—Je fais mon lit et mon ménage[363]; tomo las comidas en un restaurante, y mi cena no necesita muchos cuidados; paso unos dÃas con mucho trabajo y nada de amor, y unas noches largas y solitarias; soy feroz, y barbudo, y monacal; y no hay ningún ser vivo que me quiera, excepto algunos viejos corazones tan gastados como el mÃo, y unas pocas criaturas, arruinadas, doloridas, carentes de bienes materiales y espirituales, a las que una voluntad y un testamento que nadie puede discutir han legado el reino de los cielos.
—¡Ya lo sé, monsieur!
—¿Qué sabe usted, Lucy? Muchas cosas, estoy convencido; ¡pero nada sobre mÃ!
—Sé que posee una casa muy antigua y agradable en una plaza muy antigua y agradable de la Basse-Ville. ¿Por qué no vive all�
—¿Cómo dice? —murmuró de nuevo.