Villette
Villette —Es muy bonita, monsieur; con los escalones que conducen a la entrada, las losas grises delante, los árboles detrás… auténticos árboles, no pequeños arbustos… árboles altos, frondosos y centenarios. Y el boudoir-oratoire… DeberÃa convertir ese gabinete en su estudio; ¡es tan tranquilo y señorial!
Me miró con detenimiento; sonrió un poco y pareció enrojecer.
—¿De dónde ha sacado todo eso? ¿Quién se lo ha contado? —preguntó.
—Nadie me lo ha contado. ¿Cree que lo habré soñado, monsieur?
—¿Acaso puedo adentrarme en sus visiones? Si no puedo adivinar los pensamientos de una mujer despierta, ¿cómo voy a conocer sus fantasÃas mientras duerme?