Villette
Villette —Et puis —prosegu×, atravesó una serie de calamidades que nadie compadeció, las sobrellevó con un coraje que nadie admiró, soportó unas injusticias que nadie comprendió; y al final se vengó muy poco cristianamente de sus enemigos devolviéndoles bien por mal.
—No me lo ha contado todo —dijo.
—Casi todo, según creo: le he señalado los encabezamientos de los capÃtulos de père Silas.
—Ha olvidado uno; el que se refiere a la incapacidad de sentir afecto del discÃpulo… a su corazón duro, frÃo y monacal.
—Es cierto; ahora lo recuerdo. Père Silas dijo que su vocación era casi la de un sacerdote; que consideraba su vida consagrada.
—¿Por qué lazos o deberes?
—Por los lazos del pasado y las obras de caridad del presente.
—Entonces, ¿está al tanto de la situación?
—Le he contado a monsieur todo lo que me dijeron.
Nos entregamos unos minutos a la meditación.
—Ahora, mademoiselle Lucy, mÃreme y, con la franqueza que sé que nunca ha quebrantado a sabiendas, contésteme a una pregunta. Levante sus ojos; clávelos en los mÃos; no vacile; no tema confiar en mÃ… soy un hombre en quien se puede confiar.
Levanté los ojos.