Villette
Villette —Ah, monsieur de Bassompierre… no diga eso… ¡de ningún modo! Pero es Paulina quien debe hablar con usted; y el doctor Bretton quien debe defenderse a sà mismo.
—Un poco tarde. Parece que el asunto ha llegado lejos.
—Señor, no harán nada sin su aprobación… Únicamente se quieren.
—¡Únicamente! —repitió.
Obligada por el destino a jugar el papel de confidente y mediadora, no tuve más remedio que continuar:
—El doctor Bretton ha estado a punto de pedÃrselo cientos de veces, señor; pero, a pesar de su valor, usted le inspira mucho miedo.
—Y hace bien… hace bien en temerme. Se ha acercado a lo más precioso que tengo. Si hubiera dejado en paz a mi hija, habrÃa seguido siendo una niña todavÃa unos años. Y ¿están ya prometidos?
—¿Cómo iban a estarlo sin su permiso?