Villette
Villette —Me parece muy bien, señorita Snowe, que piense y hable con la propiedad que la caracteriza; pero este asunto es muy doloroso para mÃ; Polly era lo único que poseÃa; no tengo otras hijas, ni un hijo; Bretton podrÃa haber buscado en otra parte; estoy seguro de que hay una veintena de mujeres ricas y hermosas a las que él les gustarÃa; es atractivo, sabe comportarse y está bien relacionado. ¿Acaso mi Polly es la única que le satisface?
—Si nunca hubiera conocido a Polly, le habrÃan gustado otras mujeres; su sobrina Ginevra, por ejemplo.
—¡Ah! Le habrÃa dado a Ginevra con todo el corazón; ¡pero Polly! No puedo permitir que sea suya. No… no puedo. Él no está a su altura —afirmó con bastante brusquedad—. ¿En qué puede compararse con ella? ¡Hablan de dinero! No soy un hombre avaricioso ni interesado, pero el mundo piensa en esas cosas… y Polly tendrá una fortuna.
—SÃ, nadie lo ignora —repliqué—: Todo Villette sabe que es una rica heredera.
—¿Eso es lo que dicen de mi hija?
—En efecto, señor.
Mi anfitrión se quedó pensativo. Me aventuré a decir: