Villette
Villette —¡Qué tonterÃa! Discúlpeme, señorita Snowe, pero no es usted nada objetiva. Me gusta Polly: me gusta su forma de ser y su fÃsico, pero soy su padre; y ni siquiera a mà se me ha ocurrido pensar que fuera guapa. Es graciosa, parece un elfo, resulta interesante; pero creo que se equivoca al juzgarla hermosa.
—Es muy atractiva, señor; y seguirÃa siéndolo sin las ventajas de su fortuna y de su posición.
—¡Mi fortuna y mi posición! ¿Acaso son un cebo para Graham? Si lo creyera asÃ…
—El doctor Bretton conoce perfectamente esos detalles, como bien sabe usted, monsieur de Bassompierre, y los valora como harÃa un caballero —al igual que habrÃa hecho usted en sus circunstancias—, pero no son ningún cebo para él. Ama profundamente a su hija; percibe sus maravillosas cualidades, y éstas ejercen una influencia muy beneficiosa sobre él.
—¿Cómo? ¿Mi pequeño tesoro posee «maravillosas cualidades»?
—¡Ah, señor! ¿No observó a Paulina aquella noche en que tantos hombres importantes y eruditos cenaron en su casa?
—Es cierto que aquel dÃa me sorprendió y me impresionó su forma de comportarse; su feminidad me hizo sonreÃr.
—¿Y no vio cómo la rodeaban aquellos refinados franceses en el salón?