Villette
Villette —Papá —dijo ella—, eres muy malo… Jamás te he visto tan desagradable, tan injusto, tan vengativo casi. Tu rostro tiene una expresión que parece de otra persona.
—¡Que se vaya! —insistió el señor Home, que, en efecto, daba la impresión de estar profundamente molesto e irritado, incluso un poco amargado—. Aunque supongo que, si se fuera, Polly cogerÃa el hatillo y correrÃa tras él; le han robado el corazón… y la han alejado de su viejo padre.
—Papá, no es bueno, está muy mal que hables de ese modo. No me he alejado de ti, ningún ser humano, ninguna influencia mortal puede alejarme de ti.
—¡Cásate, Polly! ¡Contrae matrimonio con esas patillas pelirrojas! Deja de ser una hija; ¡conviértete en una esposa!
—¡Patillas pelirrojas! Me gustarÃa saber qué quieres decir con eso, papá. DeberÃas tener cuidado con los prejuicios. Me has explicado a veces que todos los escoceses, tus compatriotas, son vÃctimas de sus prejuicios. Creo que acabas de demostrarlo, al no hacer ninguna distinción entre el pelirrojo y el color caoba.
—Olvida a este viejo escocés lleno de prejuicios; vete.