Villette
Villette Además de monsieur Victor y monsieur Josef, conocÃa a alguien más. Esa tercera persona se hallaba en la sombra, algo apartada de los demás, y tenÃa la espalda encorvada, pero su atuendo y su cabeza, calva y muy blanca, le convertÃan en la figura más llamativa del grupo. Era un eclesiástico: era père Silas. No imagines, lector, que habÃa alguna incoherencia en el hecho de que asistiera a la fiesta. No era ninguna Feria de las Vanidades, sino la conmemoración de un sacrificio por la patria. La Iglesia lo respaldaba, incluso con ostentación. Aquella noche habÃa un ejército de sacerdotes en el parque.