Cumbres Borrascosas
Cumbres Borrascosas —No, a Cumbres Borrascosas —respondió—. El señor Earnshaw me invitó cuando le visité esta mañana.
¡El señor Earnshaw invitarle a él!, y ¡él visitar al señor Earnshaw! Sopesé esa frase con dolor después de que se marchó ¿Se habrá vuelto un hipocritilla, y viene a esta tierra para hacer fechorÃas solapadamente? Estuve cavilando. En el fondo de mi corazón tenÃa el presentimiento de que mejor habrÃa hecho quedándose lejos.
Hacia la medianoche me despertó de mi primer sueño la señora Linton que se deslizó en mi alcoba, sentándose junto a la cama y tirándome del pelo para despertarme.
—No puedo dormir, Ellen —dijo, a modo de disculpa—. ¡Y necesito que alguna criatura viviente me haga compañÃa en mi felicidad! Edgar está enfadado porque me alegro por algo que no le interesa. Se niega a abrir la boca excepto para proferir palabras malhumoradas y estúpidas. Afirmó que soy cruel y egoÃsta por querer hablar cuando él se encontraba tan mal y con sueño. Siempre se las ingenia para encontrarse mal al menor enfado. Dije unas frases en elogio de Heathcliff y bien por el dolor de cabeza o por la punzada de la envidia, se echó a llorar, asà que me levanté y le dejé.