Cumbres Borrascosas
Cumbres Borrascosas Pero se acabó. Bueno, a la larga tenemos que mirar por nosotros mismos. Los afables y generosos son sólo más razonablemente egoístas que los dominantes, y la felicidad terminó cuando las circunstancias hicieron que los dos se dieran cuenta de que el interés de uno no era la consideración principal de los pensamientos del otro. Un apacible atardecer de septiembre volvía yo del huerto con una pesada cesta de manzanas que había estado recogiendo. Había oscurecido y la luna se asomaba por el alto muro del patio haciendo que sombras indefinidas acecharan en los rincones de los numerosos salientes del edificio. Dejé mi carga en los escalones de la casa, junto a la puerta de la cocina, y me detuve a descansar y a respirar un poco más aquel aire dulce y suave. Estaba mirando la luna, de espaldas a la entrada, cuando oí una voz detrás de mí que decía:
—Nelly, ¿eres tú?