Cumbres Borrascosas

Cumbres Borrascosas

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

Al tercer día la señora Linton descorrió el cerrojo de su puerta, porque habiéndose terminado el agua del cántaro y de la jarra, quiso que se le renovara la provisión, y también un tazón de caldo, porque se creía morir. Esas palabras las tomé como dirigidas a los oídos de Edgar, pero como yo no creía nada semejante, las guardé para mí y le llevé un poco de té con tostadas. Comió y bebió con avidez y volvió a hundirse en la almohada, con las manos apretadas, y gimiendo.

—Oh, quiero morirme —exclamó—, puesto que a nadie le importo nada. Ojalá no hubiera tomado eso.

Un buen rato después la oí murmurar:

—¡No, no quiero morirme… se alegraría… no me quiere nada… nunca me echaría de menos!

—¿Necesita algo, señora? —pregunté, conservando todavía mi compostura externa a pesar de su aspecto fantasmal y su actitud exagerada y extraña.

—¿Qué hace ese ser apático? —preguntó, apartando de su demacrado rostro los rizos espesos y enmarañados—. ¿Ha caído en un letargo o se ha muerto?

—Ni una cosa ni otra —respondí—, si se refiere usted al señor Linton. Está bastante bien, creo, aunque sus estudios le ocupan más de lo que deberían. Está continuamente entre sus libros, ya que no tiene otra compañía.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker