Cumbres Borrascosas
Cumbres Borrascosas —¡Calla! —exclamó la señora Linton—. ¡Calla ahora mismo! ¡Menciona ese nombre y pongo fin al asunto tirándome por la ventana! Lo que estás tocando ahora lo puedes tener, pero mi alma estará en aquella cima antes de que me pongas las manos encima otra vez. No te necesito, Edgar, he dejado de necesitarte. Vuelve a tus libros. Me alegro de que tengas un consuelo, porque el que tenÃas en mà ha desaparecido.
—Delira, señor —interrump×. Ha estado diciendo tonterÃas toda la tarde, pero dejémosla reposar y cuidémosla adecuadamente y se repondrá. De ahora en adelante tenemos que tener cuidado de no irritarla.
—No quiero más consejos suyos —respondió el señor Linton—. Usted conocÃa la naturaleza de su señora y me animó a hostigarla. ¡Y no darme ni una indicación de cómo ha estado estos tres dÃas! ¡Fue cruel! ¡Meses de enfermedad no podrÃan cambiarla tanto!
Empecé a defenderme, pensando que era demasiado que me censuraran por la perversa terquedad de otra persona.
—SabÃa que la señora Linton era de naturaleza testaruda y dominante —exclamé—. ¡Pero lo que no sabÃa era que usted quisiera fomentar su mal carácter! No sabÃa que para tenerla contenta tenÃa que hacer la vista gorda ante el señor Heathcliff. Cumplà con el deber de una fiel sirvienta diciéndoselo a usted y éste es el pago que recibo por mi fidelidad. Bien, esto me enseñará a tener más cuidado la próxima vez. ¡La próxima vez puede conseguir la información por usted mismo!